[Crítica] Hierro
Hierro es una película atípica que se sitúa entre la historia detectivesca, el thriller psicológico y el montaje surrealista. Con un argumento atractivo que rápidamente consigue despertar el interés del espectador, narra cómo el hijo de María desaparece en un viaje en ferry a la isla de Hierro; seis meses después, María recibe una llamada para que regrese a reconocer el cadáver. Se torna así en una búsqueda infructuosa, donde la narración adopta un tono subjetivo centrado en la mente obsesiva y perturbada de la protagonista. Ese juego de planos, donde lo real se confunde con lo imaginativo y lo onírico se vuelve una constante durante las dos horas que dura la película.
Lo irracional es utilizado para deslumbrar con efectos experimentales e imágenes de una potente carga simbólica, de tal manera que la ambientación claustrofóbica que genera la isla, despoblada fuera de la temporada vacacional, y el paisaje desértico, entre lo místico y lo mágico, se corresponden con el alma desolada de la protagonista. La fuerza visual relega al diálogo a un segundo plano, que se vuelve banal, escaso, intrascendente.
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