Habíamos dejado no hace mucho a Paul Weller a las puertas de 1983 compuesto y sin banda. Ya habíamos señalado también cómo hacia los últimos estertores de The Jam, Weller había trasladado el énfasis de la guitarra hacia los teclados, y del pop de The Who y The Kinks hacia las formas jazzísticas y el soul de nuevo cuño.
Ya no es tanto que The Jam no pudiesen alcanzar mayores cotas, como que se le quedasen pequeños y constriñeran sus ambiciones de explorar nuevos vocabularios musicales. No tardaría mucho unir fuerzas con el teclista Mick Talbot para dar forma a un nuevo proyecto, The Style Council, en la vanguardia de numerosos combos que a mediados de los 80′s explorarán caminos paralelos dentro del jazz y la música de baile.
Su primer single, Speak Like a Child, en 1983 es una progresión lógica de los últimos éxitos de The Jam. Con los dos siguientes y sus respectivas caras B sería recopilado en lo que se puede considerar su primer album, Introducing the Style Council, que sienta la tónica de lo que sería el estilo de la nueva formación. Baladas de soul sedoso, funk, el principio de cierto interés por el folk de Nick Drake y Tim Hardin, y montones de colaboradores. Un sonido europeizante con tintes de lounge y bossa nova, y con la vista puesta en Michael Jackson y las satinadas producciones de Philadelphia. Weller ya no canta con furia, sino con suavidad. Todo se empapa de elegancia.
Comienza también a reciclar su obra. Retoma un single inédito de The Jam, A Solid Bond in your Heart para su siguiente éxito, reutiliza caras B para regrabarlas con arreglos radicalmente diferentes y publicarlas como cortes de sus álbumes, y viceversa. Se vuelve indulgente y airea sus experimentos sonoros dando cancha a otros cantantes y compositores en sus álbumes, lo que dará lugar a obras muy irregulares. Y, como tantas veces sucede en otros campos, se lía con alguien del trabajo emparejándose con Dee C. Lee, la chica que será la segunda voz en The Style Council. Los sencillos siguen siendo solventes, pero en los discos de larga duración, como en Café Bleu de 1984, la fórmula da señales de comenzar a patinar. Un batiburrillo en el que hay demasiado relleno al lado de temas enormes.
Su actividad política se radicaliza. Graba Soul Deep para apoyar a los mineros en huelga y participa activamente en el movimiento Red Wedge, una campaña anti Margaret Thatcher. Esta politización y sus devaneos musicales le hacen perder popularidad. No ayudan tampoco una serie de vídeos humorísticos y canciones decididamente camp que presentan una imagen ridícula del otrora portavoz de su generación. Sin embargo tendrá un hueco en Live Aid, el macroconcierto benéfico montado por Bob Geldof, y participará en el single navideño al uso Do The Know It’s Christmas, repuesta a We Are the World. También contribuirá a la banda sonora de Absolute Beginners, una película que en su momento reunió a estrellones diversos como David Bowie, Ray Davies y Patsy Kensit.
Discos como Our Favourite Shop, de 1985, y The Cost of Loving, de 1987, son brillantes ejercicios con buenas canciones, pero desprovistos de genio. Paul Weller ha dejado de ser un personaje de primera fila y en ocasiones resulta antipático al público. Sin embargo, entre tanta sobreproducción y sonidos excesivamente depurados, hay momentos que apuntan a ser futuros clásicos, no en vano Weller sigue revisitando algunos de estos temas en directo hoy en día. Pero Confessions of a Pop Group, su entrega de 1988 recibirá todo tipo de críticas. Tachado de excesivamente ambicioso, resulta pretencioso y definitivamente pedante. En él, Weller se destapa como crooner y compositor de extensas piezas que entran directamente en el sinfonismo más clásico. A su audiencia se le atraganta.
Con el final de la década llegará la humillación final. Paul Weller descubre una nueva obsesión. Se convierte en un Party-Animal, y cae fascinado por la cultura de los clubs, el Acid House y la música bailada a ritmo de éxtasis. En 1989 presenta a su discográfica un disco totalmente imbuído del sonido la música house y los ritmos de las pistas de baile. Se lo rechazan, y con razón. No será publicado y Weller tira la toalla. Disuelve The Style Council, y típico en él, rompe con todo. Se divorcia de Dee C. Lee y Mick Talbot se hunde en la oscuridad, a pesar de colaborar con diferentes personajes. The Style Council dejan un legado, sin embargo, que separado el grano de la paja resulta fascinante con la perspectiva que da el tiempo. Pero nuestro héroe no tardaría en volver.

