Salimos de Madrid el día 28 a las 11:30 y pusimos rumbo a Francia con toda la tranquilidad del mundo. Sabíamos que ese día y al siguiente nos esperaban muchos kilómetros, así que no queríamos que se nos hiciera muy pesado. La idea era parar a media tarde, disfrutar las últimas horas de luz, y continuar el viaje al día siguiente. Sobre las 18:00 llegamos a las playas de Ondres, una zona de residencias de verano no muy lejos de Bayona. Nos instalamos en el camping y toalla en mano nos fuimos a la playa.

Aún con una temperatura de casi 30 grados, el baño nos sentó fenomenal y repusimos fuerzas tomando el sol hasta que empezó a atardecer. A nuestro alrededor, en una playa kilométrica, algunos bunkers semienterrados de la Segunda Guerra Mundial se convertían en los primeros restos del famoso “Muro del Atlántico” nazi que iríamos descubriendo a lo largo del viaje. De vuelta en el camping, probamos el primer plato típico francés “Moules frites” mientras veíamos la clase de bailes latinos que el camping organizaba para los cientes. “Moules” son mejillones y “frites”, la forma en que los franceses dicen patatas fritas. Aunque suene curioso, en muchos restaurantes, junto a la cazuela de mejillones, sirven un generoso plato de patatas fritas como guarnición. Al día siguiente nos esperaban bastantes kilómetros de carretera, así que nos fuimos a dormir con música cubana de fondo.

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