Recogimos el campamento y pusimos rumbo al Loira, el río más largo de Francia con 1.012 km.  Teníamos que ir desde Burdeos a Tours pero decidimos evitar la A-10 de peaje y desviarnos por la N-10 entre Burdeos y Poitiers. Es una autovía gratuita con algunos tramos (como un 20%) de carretera normal, de un solo carril por sentido. Al final no había más remedio que coger el peaje entre Poitiers y Tours pero pagamos 11,20€ en lugar de ¡¡29,90!! Todas las autopistas francesas son de pago, así que merece la pena buscar las escasas autovías gratuitas que hay, aunque por las gratuitas solo se puede ir a 110 en lugar de a 130 de las de pago.

El origen de los castillos del Loira fue la Guerra de los 100 años (1337-1453). El rey francés Carlos VI fue tomado como rehén por los ingleses que querían gobernar sobre Francia. Así que el heredero, Carlos VII tuvo que marcharse de París y se refugió con sus partidarios en el valle del Loira. Allí fueron construyendo castillos que defendieran la zona. Terminada la guerra (que ganaron los franceses), los castillos sirvieron durante siglos como premios para  quienes favorecían al rey.

Hoy en día hay más de 60 castillos (“Chateaus”) en una zona de unos 200 km entre Angers y Orleans a orillas del Loira o de sus once afluentes (Cisse, Cher, Indre…). Mucha gente dedica sus vacaciones a recorrer la mayoría de ellos, pero nosotros pensábamos estar sólo un par de días, así que elegimos los que más nos llamaban la atención y suelen recomendarse en las guías. Nuestra primera parada debía ser Azay-le-Rideau, cerca de Tours pero nos hicimos tal lío con las carreteras francesas que acabamos por pasar de largo y decidimos dejar la visita para el día siguiente y continuar hacia Amboise, el pueblo donde Leonardo da Vinci vivió sus últimos años.

Amboise (7)

El castillo de Amboise se alza sobre una colina dominando el pueblo y el río. Del enorme edificio original ya sólo queda una parte porque uno de sus dueños empezó a derribarlo para construir un palacio más moderno. Hoy en día queda una quinta parte del castillo original, una gran terraza con jardines (y un bar heladería muy agradable) desde los que se tienen las mejores vistas de la zona y, lo más visitado, la capilla donde está enterrado Leonardo da Vinci. El castillo abre de 9:00 a 19:00 y cuesta 9,50 para adultos y 8 para estudiantes. Cada castillo del Loira cuesta unos 10 euros, así que si tienes intención de visitar varios, lo mejor es ir a alguna oficina de turismo de la zona donde se ofrecen paquetes con varias visitas.

Al salir del castillo paseamos por las calles desiertas del pueblo, a partir de las 17 o 18 no hay nadie por la calle aunque el día sea espectacular.  En Amboise también se puede visitar Le Clos-Lucé, el palacio en el que vivió Leonardo en sus últimos años.  Aunque nos apetecía probar las famosas “Chambres d’Hotes”, acabamos por elegir el camping I’lle D’Or, en el propio Amboise, y justo en una gran isla del río en frente del castillo, donde cobraron 10,30€ por dormir. ¡Sería una de las noches más baratas del viaje!

Como aún había mucha luz salimos a hacer fotos del castillo al atardecer, precioso desde ese lado, y vimos a un par de chavales bañándose en el Loira. Vayamos a donde vayamos no podemos evitar meter los pies en cualquier río, mar, océano, lago o masa de agua de cualquier tipo y nos moríamos de envidia, así que acabamos metidos hasta las rodillas paseando por el río, alucinando con la cantidad de conejos que hay por allí y viendo los barquitos típicos anclados en las orillas y las densas nubes de mosquitos que flotan por todas partes. Son molestas por ser imposibles de esquivar al andar, pero son mosquitos muy pequeños y no pican.

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